ENTREVISTA A PEPÓN OSORIO
Por Jose Morbán
Pepón Osorio (Santurce, Puerto Rico, 1955) es un artista visual cuyo background como trabajador social le permite desarrollar proyectos en los que trabaja en estrecha relación con comunidades locales, creando instalaciones destinadas al contexto en nacieron. Su trabajo ha sido exhibido en el Whitney Museum of American Art, El Museo del Barrio, el Smithsonian American Art Museum o El Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico. Actualmente reside en Filadelfia donde imparte clases en la Tyler School of Art.
Pepón, cuéntame, ¿a qué te dedicas?
Yo me dedico a caminar por el mundo recogiendo historias, especialmente por comunidades que son invisibles y, a través de un proceso encaminado a la creación de una instalación, lo que intento es visibilizarlas.
Normalmente este tipo de obras se exhiben en un espacio público, no necesariamente pensando en el visitante habitual del mundo del arte, para posteriormente ser presentadas en un museo o una galería. De esta manera, se crea una conversación entre esos dos mundos. Eso es básicamente lo que hago con mi práctica.
Últimamente, mi metodología se ha convertido en una filosofía pedagógica. Estoy enseñando en la universidad y lo que estoy enseñando es mi propia metodología. Ahora mismo estoy entre tres mundos: la academia, el museo y la comunidad como tal.
¿Por qué tu predilección por la instalación?
Al inicio de mi carrera trabajé con Mary Ann Soto, mi esposa. Ella es coreógrafa y yo artista visual, así que la dimensión teatral de esa experiencia siempre se ha quedado conmigo. Pero a la vez reconozco que entre nosotros, los latinos, existe una habilidad para recibir información a través de múltiples experiencias. Eso me llevó a pensar que la complejidad es la forma más fácil para hacer mi obra.
La instalación me interesa porque permite crear espacios un poco más grandes de lo usual. Lo que también es una estrategia política, porque en Estados Unidos, cuando empecé mi carrera, se le daba un espacio muy pequeño a los artistas puertorriqueños y a los latinos en general. Y yo decía: “no, yo quiero un espacio grande, yo quiero un compromiso. Y si la institución no se compromete, yo me encargo solo de hacer la cuestión”.
La instalación no sólo te permite hacerte un hueco en el mainstream sino también crear una experiencia sensorial y física. Yo siempre he sido agresivo con mi trabajo, mis instalaciones y mi vocabulario visual. Esa agresividad es evidente en la amplitud y en el uso del espacio en mis obras.
Al hilo de esa complejidad y agresividad que comentas, has mencionado en otras ocasiones que tus instalaciones “overpower” al espectador, así como que empleas el “horror vacui” en tanto saturación del espacio para conseguir ese objetivo.
Sí, mi trabajo siempre empieza dentro de una experiencia cultural de la que se pueden extraer dos lecturas: una para el que ha vivido la experiencia, y otra para el que la recibe por primera vez.
Yo lo que estoy haciendo es crear una conversación para un grupo bien específico, al fin y al cabo lo que está debajo de todo esto es el proceso migratorio de los puertorriqueños y los latinos en Estados Unidos, que es donde se crea la obra. Así que el marco de referencia para mi obra es la inmigración y todas las consecuencias que ha tenido en nuestra vida como isleños, y ahí me refiero a el Caribe específicamente.
Y es que en el caso de los dominicanos o puertorriqueños en EEUU existe una añoranza que les hace exagerar y que les lleva a crear un espacio dentro de su propia casa que casi te remonta a tiempos pasados. Y esa exageración, que siempre ha llamado mi atención, nace a partir de un vacío.
Por otra parte, la saturación del espacio a la que recurro también tiene que ver con que mis papás vivieron la depresión económica de los Estados Unidos, y yo creo que eso se mantiene en nuestras actitudes como pueblo, porque seguimos guardando y acumulando como pensando que no vamos a tener.
Al día de hoy la cultura popular ha terminado confundiéndose con la cultura del consumo. Por tanto, ¿qué papel juega esa acumulación de objetos a la hora de abordar temas vinculados a la comunidad o lo identitario?
Soy consciente de que no voy a cambiar la situación pero creo que lo que estoy haciendo es crear un momento de reflexión para el espectador, para que se vea dentro o fuera de lo que estoy intentando presentar.
Por ejemplo, siempre me ha llamado la atención ese tipo de conversaciones donde la gente tiene tendencia a/por pretender/aparentar. Esa cuestión de las apariencias en nuestra cultura me fascina. Es algo que hacen tanto los ricos, que tienden a exagerar su riqueza, o lo hacían, a fin de asegurar su espacio social y ser visibles en su círculo, pero también la gente más pobre, lo puedes ver a través de las tiendas de dólar, al tratar de acumular por razones diferentes.
Creo que la acumulación y la exageración se celebra en todos las clases sociales. Es algo que se refleja en mi obra, depende de a qué clase social pertenezcas. El hecho de poner una obra en el Whitney o en un espacio como el New Museum lleva a lidiar con lo mismo que estoy hablando: utilizar espacios donde hay gente que creen en la finura, a la vez que conseguir que se cuele en ellos el lenguaje popular.
Se podría decir que tu obra estetiza lo privado, lo doméstico de un grupo o de una comunidad específica.
Lo que la obra hace es poner lo invisible a la luz pública. Siempre hago mi obra con una lupa ética. Tengo mucho cuidado, no pongo todo en la obra, soy selectivo con lo que presento. Yo cuento poco de lo que se me ofrece. Nuestros gobiernos se las han ingeniado para sacarnos información y la clase pobre, la clase trabajadora, casi siempre son los más afectados porque el gobierno tiene mucho más acceso a ellos que a otros estratos.
Mi experiencia con comunidades trabajadoras me ha enseñado que cuando tú haces una pregunta, la gente te da la historia de su vida entera, una costumbre muy isleña, con lo cual sabes más de lo que preguntaste. De ahí que yo sea un poco más selectivo porque entiendo la desventaja de esas contestaciones.
Lo que hago en la obra es crear un espacio para una reflexión recíproca de manera que se humanice al individuo, en lugar de crear una representación o caracterización de la persona. Es interesante porque cuando mis obras van al museo tienen una lectura diferente a cuando está en la comunidad.
La mayoría de las preguntas que me estás haciendo tienen que ver con la producción del arte dentro del contexto del museo o la galería pero cuando nos posicionamos en la comunidad o en el vecindario, entonces empezamos a ver que los matices son diferentes.
Entonces primero expones la obra en su contexto de origen y después en la galería. ¿Cuáles son tus públicos, y si son los mismos que aparecen en tu obra qué es lo que le estás tratando comunicar?
Mi deseo es crear un proceso de reflexión. Cuando voy a la comunidad busco convertir lo individual en colectivo. Una persona puede creer que está sola o que es única pero cuando se le presenta en comunidad empieza a darse cuenta que su historia es colectiva, de que su situación es similar a los que están alrededor suyo.
Esa es mi intención, crear actitudes un poco más humanas con la obra. Si traes a alguien habitual a un museo a ver una obra en una comunidad le rompes el esquema de lo que es una visita, por ejemplo, cómo llega al sitio, algo que implica también la cuestión de la seguridad, etc. Eso añade otra dimensión a lo que estás viendo al ponerte delante de la obra. Además entras en comunión con ese espacio. Y la obra se transforma en una realidad diferente a tus expectativas porque cuando aquella está en el museo ya estamos acostumbrados a ese espacio y a sus rituales. En el museo la obra es absorbida por ese espacio, de manera que no tienes que bregar con la arquitectura social, como ocurre cuando está en una comunidad.
Con mi obra lo que estoy haciendo es crear un diálogo entre esos dos espacios. Siempre me pareció que en el museo y la galería faltaba la arquitectura social alrededor de la obra de la cual procede. Así que se trata de crear y poder enseñar la obra dentro de su propio hábitat, de su propio espacio.
Hablas de la universalidad como algo inherente a tu trabajo pero en obras como En la Barbería no se llora o en Escena del crimen. ¿El crimen de quién? utilizas símbolos nacionales, como es el caso de banderas. ¿Hablan estos elementos sólo a un público determinado? ¿Dónde queda la universalidad entonces?
En mis obras trabajo con temas universales y les doy matices puertorriqueños porque es el lenguaje que conozco mejor. No voy a hablar como un gringo o como un islandés, pero no voy a obviar esa realidad porque es casi impuesta como emigrante.
Lo que hago a través de la bandera es igual, si tu miras a República Dominicana y entiendes lo que es la bandera, los que están adentro y son dominicanos saben que es la bandera de ellos, los que no, tal vez la están viendo desde otro punto de vista. Cuando pones la bandera de Puerto Rico volvemos a la cuestión de la agresividad. En los inmigrante funciona como un símbolo de reafirmación. Con la Escena del Crimen cuando se pone en 1993 en el Whitney, lo que hago es reafirmar algo para un grupo de puertorriqueños que tal vez la vayan a ir a ver. Ahora cuando ves un puertorriqueño con una cadena con la bandera de Puerto Rico colgada del cuello eso es bien agresivo también para el que no es puertorriqueño.
Tal vez poner una banderita de los EEUU como hace Ralph Lauren en sus diseños de ropa pues no sea tan agresivo y parezca bien universal pues esa banderita de EEUU corre por todos lados. Así que lo que hago es una reflexión dentro de eso mismo. Se entienda o no, se acepte o no, depende de tus prejuicios y de tus prejuicios a la hora de estar ante una obra de arte.
Empleas códigos posmodernos para elaborar una obra que pueda ser comprendida por comunidades distanciadas de las instituciones y de los museos.
Yo no hago diferencias, la teoría posmoderna es aplicable a lo que pasa en muchas comunidades, pero normalmente se entiende como exclusiva a un grupo muy específico, cuando la cuestión posmoderna es bien fácil de entender.
Sé que uso la palabra comunidad en términos bastante amplios, pues ha salido como quinientas veces dentro de esta conversación, pero no podemos pretender que la gente que sigue la teoría son los únicos que están evolucionando. Allá afuera hay otra gente que también está evolucionando y re-contextualizando su vida.
En parte, cuando se presenta la obra fuera del museo ahí empieza el clash, el choque, y se crea un nuevo lenguaje, y se construye toda una nueva realidad.
¿Hacia dónde va Pepón?
Pensaba que la cosa se iba a simplificar con el tiempo y se está complicando más y más. Ahora estoy trabajando en una pieza nueva que no es en el museo, que no es en un lugar de exhibición sino en la academia. Yo siempre busco la forma de bregar dentro del contexto y del ambiente en el que estoy metido. Ahora estoy trabajando con una pieza nueva que es la reconstrucción de un salón de clase donde el gobierno, la junta de reforma educativa, cerró una escuela.
Fui a la junta de educación y pedí permiso para recoger materiales para hacer una instalación. Accedieron y me dieron el salón de clase. Ahora tengo un salón de clase que voy a poner dentro de otro salón de clase de la universidad. Simplemente lo que estoy haciendo es trayéndome el problema del cierre de esa escuela dentro de una escuela de arte. Cuando entres al salón de clase verás una instalación mía dentro de un plantel educativo de educación superior donde se va a continuar dando clase. Así que este salón de clase que se perdió se va a recrear en la universidad para poder dar la oportunidad a su comunidad a que consideren cuál es su propia educación.
Es bien complicado, por eso estoy trabajando con la que fue la principal, con los maestros de esa escuela, con un grupo de estudiantes, con los padres, con la universidad, además de contar con el permiso del presidente, del decano, de la junta, etc. Se trata de empezar a reunirse simplemente buscando la solución de poder determinar dentro de ellos mismos lo que es la educación.
Y volvemos a los mismos términos por los que yo empecé mi trabajo, esto es, mi incomodidad con la definición institucional de lo que son las cosas. Nunca he estado conforme con cómo la institución define nuestras vidas. El sistema educativo define lo que es mi educación, la iglesia define lo que es mi fe, el gobierno define lo que yo soy como ciudadano. Y llega un momento en que te pierdes a ti mismo y no entiendes lo que es ser educado. Así que la pregunta básica es ¿tu educación valió la pena? Y si no valió la pena, ¿cómo lidiaste con eso? ¿y qué educación no formal recibiste?
Mi obra próxima va sobre empezar a cuestionarnos cómo fuimos educados y si valió la pena. Todo eso se podrá ver en septiembre en Filadelfia, en la Tyler School of Art, que está como a cinco o seis cuadras del vecindario en cuestión. Lo que está bien claro es que, y volvemos a lo ético, cuando estamos hablando de este tipo de acción, yo siempre me he preguntado cuál es mi rol si cómo artista o cómo ciudadano dentro de todo esto. Al final de cuentas, ¿quiénes son los más afectados de este proceso? ¿vale la pena que reclame esto como una obra de arte mía o como un trabajo colectivo?
En el centro del proceso, que yo dirijo, está la instalación que vamos a crear juntos. Cuando esté lista daré el mando a los estudiantes para que creen una programación durante un año dentro del espacio del salón de clase para que empiecen a definir lo que es la obra y lo que es el proceso. En ese sentido, mi intervención es secundaria al proceso y eso me hace reflexionar, ya que me interesa ver cómo se desarrolla el proceso, cómo puede dar lugar a la aparición de otras figuras que se convertirán en líderes. Además tiene que ver con cómo otra gente se pueden definir a sí mismos y definirme a mí también.
Después de todo, eso es lo que he hecho desde siempre, yo no estaba satisfecho con el museo como tal, así que empecé a crear las posibilidades y las estructuras para exponer fuera de él, en la comunidad. Eso es simplemente lo que estoy haciendo, preguntar a la gente: ¿Estás satisfecho con la educación? Y si no, ¿qué otras alternativas hay?